lunes, noviembre 15, 2004

Fue justo en aquel verano en el que pasamos tantas horas juntas, contándonos las penas y los dolores hasta las tantas de la madrugada. Desayuno de ron con coca-cola.
Volvíamos de la piscina de la casa de mi padre en la que chapoteamos sin cruzarnos con ningún vecino porque era agosto. Yo llevaba un bañador naranja horroroso que mi hermana había escondido en el fondo del armario y tú te pusiste el de imitación a tela vaquera. Parecíamos un revival de los anuncios de El Corte Inglés de hacía demasiadas temporadas. Aunque a ninguna de las dos parecía importarnos. Recuerdo que nos sentamos en el borde, chapoteando con los pies y te conté una historia que te mantuvo en vilo una hora y media. El juego de inventar historias que tanto nos gustaba, un día tú una, un día yo otra, remodelando la realidad a nuestro gusto convirtiéndola en drama o comedia.
Volvíamos en coche, en el AX rojo que un año más tarde se paró en Toledo y jamás volvió a arrancar. Por azares del destino me confundí en un cruce. Luego en el siguiente. Luego en el siguiente. No había nervios porque nadie nos esperaba en nuestras casas.
Y la carretera nos fue equivocando hasta lo alto de un monte, en pleno atardecer. Naranja, rojo y violeta ennegreciéndose. Tú señalando con el dedo. Los problemas alejándose con el sol hasta la noche.
Desde entonces no me he dispuesto del tiempo para pararme a ver atardecer. Aunque suceda todos los días.

domingo, noviembre 14, 2004

Al fin lo conseguí, reproducir con mis propias manos los platos del restaurante tailandés que cerraron hace un par de años. Para ello me cercené la yema del pulgar derecho con un rayador de verduras (véase abril), intoxiqué a varios amigos con mis experimentos y comencé una intensa búsqueda de aceite de cacahuete por toda la península.
Bien. Pues el miércoles probé el fruto de todos mis esfuerzos. Y estaba cojonudo.
Lástima que sea la primera y la última vez que pruebe ese plato, porque tuve una reacción alérgica al aceite de cacahuete que me llevó derechita a urgencias para que me pincharan Urbason.
No sabía que fuera alérgica a nada, pero gracias a mis experimentos de cocina panasiática lo he descubierto.
Por supuesto, el wok lo pienso tirar a la basura.

viernes, noviembre 12, 2004

Entro en el bar y noto miradas de reojo. No estoy vestida para la ocasión, de modo que todos me observan como a un bicho raro. Escucho susurros de desaprobación. Los concurrentes se apartan de mi lado, no sea que les contagie mi actitud estrafalaria.
No se puede entrar vestida de traje en un bar de Lavapiés.

Lo malo es que los concurrentes se consideran más tolerantes y más abiertos que los sujetos que, por circunstancias ajenas a nuestra voluntad, vestimos de traje para ir a trabajar. Pero sus Pepe de última generación , de 120 € el par perfectamente desarreglados no son nada pijos... Y no sabía que el Che Guevara fuese un modelo de gorras.

martes, noviembre 09, 2004

Un no beso consiste en acercarse a una distancia peligrosa del no besado, medida justo en ese momento en el que casi se rozan los labios, se siente el aliento rozando la boca, se cierran los ojos, se huele el deseo de la otra persona, se entremezclan los suspiros, se acarician al unísono besos al aire.

Un no beso es frecuentemente más placentero que un beso.

lunes, noviembre 08, 2004

En el nuevo folleto que la Santa Madre Iglesia emplea para adiestrar a sus fieles dice, entre otras cosas: que el matrimonio homosexual es una aberración, que la eutanasia es un homicidio y el aborto, un holocausto silencioso.
Precisamente la Iglesia debería callar acerca de homicidios y holocaustos. Por no hablar de las aberraciones que cometen sus sacerdotes con menores de edad que no han dado su consentimiento.

domingo, noviembre 07, 2004

Hoy la vi en una foto.
Una de esas típicas instantáneas tomadas a escondidas, en las que alguien que es retratado al fondo sonríe como si fuese el centro de atención. Una en la que ella aparecía delgada pero sonriente, con el pelo recién cortado. Alrededor, multitud de banderas de colores, en un orgullo gay de hace demasiado tiempo. De hecho apenas recuerdo el último café que me tomé con todas aquellas personas que figuran en la foto.
Uno de los amores de mi vida, pero también mi tortura. Lenta, dolorosa, deliciosa a ratos. Como su vida. Condenada a ser Peter Pan para siempre, encauzada siempre en sus cuarenta y pocos kilos mantenidos con régimen estricto, atracones y vomitonas. Un torbellino que arrasó con mi escasa estabilidad mental de aquellos años.
Ella fue todo lo que quise y todo lo que no deseo repetir. El aprendizaje de lo bueno y lo malo que escondo en mi interior. Aún ahora me sorprendo recordándola con una sensación agridulce, dulce por los buenos momentos, agria por el rencor del dolor de un fin bastante mal disimulado, una traición a la luz del día.
Aún temo involucrarme en una historia parecida.
El día en que todo estalló creí que mi mundo se desvanecía... Y fue precisamente el inicio de una nueva vida.

sábado, noviembre 06, 2004

Desde hace unos meses siempre me levanto con el pie izquierdo.
Concretamente, desde el accidente de la moto, no por problemas en mi estado de ánimo, sino por un esguince reiterado (leo en el informe del traumatólogo). Me levanto con el pie izquierdo, porque mi cuerpo no quiere dañar más aún mi tobillo derecho.
Así que algunas mañanas asisto a rehabilitación.
Allí observo a otras esguinzadas como yo, a muchas señoras mayores con tendinitis, no sé por qué todas somos mujeres. Salvo Óscar, de unos sesenta y muchos.
Vive en silla de ruedas desde que el tabaco le paralizó la pierna derecha. A unos les afecta al pulmón, a otros al corazón y como él dice: "a unos pocos les toca perder las piernas". Pero él no pierde la paciencia ni el orgullo, camina con su andador de un lado a otro del pasillo, sonríe a los recién llegados, cuenta mil y una batallas de una vida curtida por las barreras arquitectónicas. Es el travieso del lugar.

jueves, noviembre 04, 2004

Empecé el MBA. Me siento como un alien, disfrazada con mi traje, tarareando canciones de La Vacazul en el metro con el maletín en la mano. Quizá esté algo triste porque la semana pasada no ensayamos o quizá porque me siento estresada o quizá porque todos mis compañeros de master son ingenieros, economistas y necesito más horas de estudio. Quizá por lo que he dejado atrás.
O simplemente es porque llueve a cántaros, los días son más cortos y necesito un respiro. En los cambios de hora me suelo poner muy tonta.
Pero luego levanto la cabeza, estudio muchas horas y comienzo a entender aquello que mis compañeros veían tan claro.
Nadie dijo que fuera fácil.
Supongo que es la parte de vida en la que hay que ceder para subvencionar aquello que me gusta.

domingo, octubre 24, 2004

Siempre que vuelvo al Burger King de la calle Arenal recuerdo mi primera experiencia tocando en el Retiro.
Aquella mañana de domingo de julio en la que saqué la guitarra, olvidé la resaca y me planté en uno de los bancos a cantar. Un hombre con su niño se pasearon varias veces por delante hasta que el tipo, manager, me dejó su tarjeta. También conocí a un músico que me contó la gira que hizo nada más acabar la guerra civil. Recuerdo que una gitana escuchó un buen rato de concierto y al finalizar me regaló una ramita de romero que aún conservo en algún lugar de la casa.
Con el dinero que saqué esa mañana pagué mi hamburguesa. Y me supo a gloria.

lunes, octubre 18, 2004

No siempre es como parece.
En las relaciones de sumisión sexual lleva la batuta el sometido, que pacta hasta dónde quiere llegar y , lo más importante, cuándo se produce el fin de esa sumisión. No siempre el poder lo ostenta quien da las órdenes, sino quien decide obedecerlas.

lunes, octubre 11, 2004

Ayer hizo frío, calor, frío, calor, viento, bochorno.
Por eso en un recuento en el vagón del metro localicé a dos tipos con jersey, una con minifalda, dos amigos con chanclas y pantalones cortos, tres niñas con abrigo...
Se suponía que en Madrid no existen ni la primavera ni el otoño. Pero ayer fueron todas las estaciones juntas.

sábado, octubre 09, 2004

Concierto de nara.
Sábado 23 de octubre a las 22 horas en la sala Artépolis (C/Olivar, 13). Metro Lavapiés o Antón Martín.
Entrada 3€ con maqueta.

jueves, octubre 07, 2004

Existen determinadas experiencias que forjan el carácter: hacer la mili, la primera borrachera, el primer trabajo...
Solicitar el paro es una de ellas. Me viene a la memoria "Las doce pruebas de Astérix"
1. Entrar y hacerte un hueco entre la multitud para encontrar la máquina de los turnos.
2. Pulsar todos los botones. Aunque no sepas si vas a necesitar todos los papeles, es mejor tirarlos que esperar otras tres horas. Aviso: Siempre hay una máquina escondida de nuevas colas que no imaginabas.
3. Esperar. En esta acción, la más dilatada de todas, encontramos habitualmente a varios sujetos:
a. El gilipollas al que se le pasa el turno.
b. El que no sabe nada y no para de preguntarte como si tú supieras.
c. El que no para de protestar.
d. El que no soporta al que protesta. Frecuentemente acaba en pelea.
e. El listillo que te manga tu papel de turno.
4. Suena un timbrecito y, al fin, ves tu número. Si estás esperando a la vez en varias colas, suele suceder que te llamen a la vez en al menos dos de ellas.
5. Obtienes la información necesaria. Normas:
a. El funcionario te indica que te falta algún papel para el que seguro hay que esperar más colas.
b. Sí llevas toda la documentación, pero te falta rellenar impresos nuevos que requieren de sellos para los que hay que esperar más colas.
c. Si vas a sellar esos documentos necesitarás de nuevos impresos en otras oficinas.
d. Puede que cuando tengas todo lo necesario hayas esperado en la cola equivocada.
e. Para conseguir entregar tu expediente hay que esperar una cola para que te den el número de espera de otra cola. Esto es verídico, lo juro.

Lo peor de todo es que justo cuando sales de la oficina obtienes la clave.
- Disculpe, señor.- mujer con niño pregunta a segurata.
- Dígame.
- ¿Cómo hago para solicitar el paro?
- Primero le da al botón de la espera para B. Mientras aguarda, hace la cola para que le den el ticket para esperar a A. Después saca el vale de C.
En B le dan los papeles. En A se inscribe. Va corriendo al banco para que le sellen un papel que le ha dado B. Y después lo entrega todo en C. Pero yo que usted vendría mañana a primera hora que hoy ya no le va a dar tiempo.

Como en los videojuegos, la solución siempre se encuentra donde menos la esperamos.

miércoles, septiembre 29, 2004

Volviendo a la superficie...
Regresando al mundo real.

El domingo, en el viaje de regreso a Madrid desde el pueblecito navarro en el que se ofició el funeral, recibimos una llamada de la madre de ELLA. El padre de ELLA estaba en urgencias. Así que llegamos a Madrid directamente al hospital, para escuchar un diagnóstico muy duro.
Al día siguiente el padre de ELLA protagonizó una recuperación milagrosa que los médicos aún no se explican. Está vivo y no le quedarán secuelas.

Todavía me cuesta ver las cosas de Iñaki y hacerme a la idea de que ya no volveré a verle jamás. En el funeral me lo imaginé en una esquinita, consolando a su madre, llorando él también y riendo. Aún recuerdo el momento en el que el cura leyó una carta de la prima de Iñaki, la voz quebrada, la cara sorprendida de los presentes ante la frase: "cuando Iñaki se vestía de drag queen". Un pequeño gran logro en la casa del Señor de la Iglesia que nunca quiso aceptarle.

viernes, septiembre 24, 2004

Quiero vivir esa nueva vida a tu lado. Verte sonreir de nuevo con cada día que amanece, correr contigo por los caminos de tu valle. Las pisadas tan conocidas, la hierba que acaricia tus zapatos, la risa cantarina que acuna mis sueños.
Quiero leer , a tu lado, todos aquellos libros cuyas palabras no juntaste. Quiero admirar todas tus obras, la manera en la que hablabas, la dulzura en tus gestos, cada segundo siempre atento a los detalles que yo pasaba por alto.
Quise aprender de tu generosidad, de tus ganas. De esa nueva vida que vivirías después de la operación, con cien kilos menos, la cabeza llena de pájaros de un futuro sin definir. Tantos planes...
Todo lo que quiero ya no es posible.
Y te echaré de menos.
Quiero vivir esa nueva vida a tu lado. Verte sonreir de nuevo con cada día que amanece, correr contigo por los caminos de tu valle. Las pisadas tan conocidas, la hierba que acaricia tus zapatos, la risa cantarina que acuna mis sueños. Quiero leer , a tu lado, todos aquellos libros cuyas palabras no juntaste. Quiero admirar todas tus obras, la manera en la que hablabas, la dulzura en tus gestos, cada segundo siempre atento a los detalles que yo pasaba por alto. Quise aprender de tu generosidad, de tus ganas. De esa nueva vida que vivirías después de la operación, con cien kilos menos, la cabeza llena de pájaros de un futuro sin definir. Tantos planes... Todo lo que quiero ya no es posible.


























Y te echaré de menos.

domingo, septiembre 19, 2004

135 MILLONES de mujeres vivas en el mundo torturadas mediante la ablación del clítoris. Casi tres veces el número de habitantes en España.

...


miércoles, septiembre 15, 2004

La noche antes de entrar en el estudio de grabación recibí un enigmático mensaje. "Te quiero". Sin firma. De un remitente desconocido. Probé a buscar el número entre todos los de mi agenda, pero no lo encontré.
Resulta extraño que alguien que no conoces te envíe un mensaje de esas características, seguramente confundió una tecla con otra y el resultado me llegó a mi. Casi sentí que violaba la intimidad de otra persona.
El mensaje ni dolió ni ofendió puesto que yo me siento querida, no quiero ni imaginar los estragos que hubiese causado esa frasecita en otros momentos más solitarios de mi existencia.
Pero ahí me pregunto otra serie de cuestiones. ¿Quién sería el remitente? ¿A quién iría dirigido? ¿Supone este mensaje el cambio del curso de una historia?
Quizá era la reconciliación entre dos enamorados. Quizá un mensaje rutinario, establecido a unas horas determinadas para garantizar la perpetuación del amor. Quizá fuese entre amigos o entre familiares. O quizá de algún/a tímido/a que tras una tarde intentando decir esas dos palabras hubiera recurrido a la distancia del sms, una única oportunidad sin respuesta, fallida por los azares de la telefonía móvil.
Tan sólo espero que el remitente vuelva a decirle que le quiere a quien se lo envió, que lo haga todos los días.

Creo que nunca volveré a confiar en estos artilugios electrónicos para momentos decisivos.
Cópienme.
Les ruego encarecidamente que lo hagan. Ya he asumido que jamás llenaré ningún estadio, que nadie coreará mis canciones salvo ustedes (mis amigos), que tendré que pagar por ensayar, por mis instrumentos, por mis grabaciones, por tocar... Así que , por lo menos, denme una oportunidad.
Descarguen en el emule: "nara-sola". Y si les gusta aplaudan. Aunque jamás llegue a escuchar esos aplausos en directo.
Ahora es cuando tendría que contar aquello de que "lo grabamos en cinco horas, la mezcla no es definitiva, hay carencia de medios...". No voy a hacerlo. Si nos hubiera grabado Sony sonaría mucho mejor, pero de momento, la música es tan sólo un hobby.
Un hobby maravilloso.

jueves, septiembre 09, 2004

Os debo una explicación.
Este vacío se debe a la próxima grabación de una maqueta con mi grupo, actividad que ocupa prácticamente todo mi tiempo libre. Pronto volveré a atormentaros con mis historias.