martes, septiembre 07, 2010

Mi viaje a Pamplona de vacaciones comenzó con una animada conversación con una danesa de una islita perdida y un argentino de Patagonia en alemán, inglés y español en el tren. Me convertí en el centro de reservas de una pensión en Pamplona para todos los peregrinos perdidos del viaje.
Hablamos de muchos lugares en los que hemos estado y otros tantos que nos gustaría conocer.

Entonces me di cuenta de que nunca será suficiente el número de viajes, ni el número de personas, ni el número de experiencias vividas. Hambrienta de vida.

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