jueves, febrero 13, 2014

Atardeciendo



El sol se deslizaba, atardeciendo en rojos, naranjas y rosas sobre las nubes.

No nos quedó otro remedio que pararnos a observar esa maravilla de la naturaleza,  pese a los gritos de una hora antes,  a las lágrimas conduciendo de regreso a Madrid, a la angustia en la garganta y esa sensación latente de que ya nada iba a volver a ser como antes.

Así que dejamos el coche a un lado, abrimos la puerta, salimos para observar el espectáculo. Fue un pequeño paréntesis. El mundo nos recordaba que la vida se seguiría abriendo paso independientemente de nuestras discusiones, de nuestra ansiedad, de nuestros miedos y preocupaciones cotidianos. (La vida ya se encargaría de demostrarme muchas otras cosas años después, pero eso ya es otra historia).

Volvimos al coche y al llegar a Madrid jamás volvimos a dormir bajo el mismo techo.

Pero todos los días sigue atardeciendo.

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