domingo, enero 16, 2005

- De veras que no es igual la música que se escucha para planchar que la música para limpiar.
La chica asintió tomando mentalmente nota del asunto. Al día siguiente se presentó con dos cintas, tituladas "música para planchar" y "música para limpiar".

Estoy elaborando un recopilatorio para levantarme por las mañanas sin lágrimas. "Música alegre para días triste". ¿Sugerencias para mis grabaciones?

viernes, enero 14, 2005

Por amor al comercio voy a cruzar ese puente
por amor al comercio voy a cuidar de este dolor...
(esclarecidos)

Hoy el mundo parece menos gris a ratos, depende de la música que acompaña en el metro, del sol que acaricia mi piel por la calle. De la montaña rusa que me alza y me estrella contra el suelo. Del sabor del chocolate con capuccino. De las charlas amables.
Ahora tengo tiempo para pararme a admirar aquello que sucede a mi alrededor. Tengo tiempo de ver las estrellas sin angustia sobre edificios majestuosos que apenas observo en mis trayectos cotidianos. Puedo disfrutar de mi momento de hipersensibilidad sintiendo la subida al estribillo de "She has no time" de Keane.

Voy a cuidar de este dolor con mucho cariño, pidiendo los abrazos que necesito, aislándome de los discursos tristes, dejando que el sol y las sonrisas sanen la herida.

jueves, enero 13, 2005

Se ha ido. Cabalgo entre el alivio y la desesperación. Porque las paredes hablan de ella, los libros me cuentan anécdotas, su olor aún no se ha ido de la casa. Sigo caminando en el abismo de preguntas sin respuestas (a punto de naufragar este sábado en islas exóticas), entre miedos, recovecos que parecían cuevas.
Duele. Pero ya obtuve en otras ocasiones el mapa de este dolor, sé navegar por él. Sólo cuestión de tiempo. Algún día me levantaré con las cuestiones resueltas. Y, como siempre, será demasiado tarde.

lunes, enero 10, 2005

Frases de la semana:
- Se me está regenerando el himen (mi amiga Cris, que anda muy necesitada).
- Para llegar a ser un canalla sólo me falta beber y estar con muchas chicas (mi amigo Paco, en un intento por convertirse en quien no es).

viernes, diciembre 31, 2004

Hace no demasiados años me compré un cuaderno en blanco. Anoté en él todo aquello que quería cumplir en mi vida. Mi cuaderno, repleto de viajes que no hice, repleto de personas con las que ya no hablo, repleto de canciones en las que ya no creo, se perdió en uno de los cajones de mi cuarto en Pamplona.
Pero pese a todo, de vez en cuando anoto una raya mentalmente en esas hojas que memoricé de tanto manosearlas. Y aún sigo anotando sueños. Por si se cumplen.
Veremos qué nos depara este año en blanco.

jueves, diciembre 30, 2004

Recuerdo la navidad como era antes. Las horas interminables antes de recibir la llegada de los reyes, y años después la del intruso vestido de rojo con su trineo y sus renos. Mi hermana dando botes en la cama. "¿Ya es la hora?". "No, son las cuatro". Noches de desvelo.
Recuerdo la navidad como era antes. La plaza mayor repleta de gente histérica peleándose por las piezas de los belenes. Nosotros eligiendo un rey mago que alguien había perdido el año anterior. Los rituales del belén, del árbol, de la lista a los reyes con la letra temblorosa de quien aún aprende a escribir.
Ahora las navidades se han convertido en un cúmulo de rituales que perdieron su sentido hace mucho tiempo. Me gustaba más como era antes.

martes, diciembre 21, 2004

Es como mirar al vacío en lo alto de un acantilado. Que puedes imaginar cómo te sentirías al caer, pero nunca caes para valorar si es como lo habías imaginado. Y de repente sucede. Pronuncias las palabras que latían con fuerza en tus sienes para escapar de tus labios en forma de miedo, en forma de promesa.
Caigo. Espero al ataque de corazón del que mueren todos los que caen al vacío. Espero hundirme prontamente en un sueño doloroso con un fin determinado para no tener que responder más preguntas sin respuesta. Aquí está. Falsa alarma. No hay fondo en las reflexiones. No hay fin determinado.
Tan sólo un vacío insondable de dudas sobre si te quiero por qué no funciona. Por qué no funciona. Qué no funciona. No funciona. ¿Funciona?
Va a ser una espera muy larga.

sábado, diciembre 18, 2004

Nos engañaron.
Con las canciones, con las películas de final feliz. Nos contaron que el amor era un juego de fuegos artificiales, de príncipes y princesas. Nos hicieron creer que bastaba con amarse para que las relaciones duraran para siempre.
Nadie nos preparó para las frustraciones continuas. Para el amor imperfecto. Para las broncas, las incompatibilidades. Nos educaron por y para una culpa cristiana en la que somos responsables directos de los efectos sobre los que no existe una causa clara.
Nos engañaron.
Y yo casi me lo creí.

viernes, diciembre 17, 2004

Te echo muchísimo de menos.
Pasar por delante de tu casa en la calle Atocha. Gritarle al videoportero porque la cámara está tan alta que no se me ve. Subir lentamente los tres pisos de escalera de madera que cruje con cada uno de mis pasos. Sentir el olor conocido en el descansillo. Para oír tu voz, sentir tu risa, el calor que me abraza antes de encontrarnos.
El mismo discurso de todos los días:
-Era una psicópata.
- Lo sabía!.- desplomarme en tu sillón con una sonrisa.
(En el fondo nunca dejaremos de ser personajes de Woody Allen).
Pero ahora en tu casa de la calle Atocha ya no hay videoportero al que gritarle. Puede que algún desconocido con el que aún no he intercambiado impresiones, que ni siquiera entendería el discurso de Woody Allen.

miércoles, diciembre 15, 2004

Olvidé su ausencia gracias a las luces, el movimiento frenético de la ciudad en la que convivo. Gracias al ruido de los coches, los problemas en el trabajo, los fines de mes, mirar a la acera que se desplaza a la velocidad de mis pasos, la música alta en los bares. Pero ayer alcé al fin la vista al cielo.
Y ahí estaban. Me detuve a saludarlas de nuevo, después de tantos meses sin detenerme para observarlas. Es gratificante pensar que las estrellas siguen en el firmamento, pese al ruido de los coches, los problemas en el trabajo, los fines de mes, la acera que se desplaza a la velocidad de mis pasos, la música alta en los bares. En el fondo todo eso no es tan importante.

martes, diciembre 14, 2004

Escribiría un post sobre la navidad, pero desde hace demasiados años no siento su llegada inminente. Apenas veo la tele en horario infantil, por lo que no noto el bombardeo de anuncios de juguetes. Aunque sí noto muchos spots horteras de colonias en los pocos programas que veo.
Sí aprecio los atascos en horas puntas en el centro de la ciudad, por lo que lo evito.
Y como vivo en un barrio que no le interesa al alcalde, todavía no he visto las famosas luces de navidad. Salvo en la tele, las de las palabras. Y me hizo ilusión pensar que los canutos y los cuchillos son navideños.

domingo, diciembre 12, 2004

Ayer estuve de juerga con gente a la que no veía desde hace años. Es muy agradable observar que, pese al tiempo de vacío comunicativo, mis amigas siguen estando ahí si es necesario. Y que su observación continúa buscando el fondo y no la forma. Dije quizá las mismas frases que repito con el resto de la humanidad, pero ellas entendieron lo que en realidad quería decir.

sábado, diciembre 11, 2004

El tradicional anuncio de "El Almendro", de turrones, versa sobre el reencuentro de una madre y un hijo. Con una canción edulcorada en el que una cantante cursi canta: "Vuelve a casa, vuelve por navidad...".
He visto el de este año. Como ya no sería creíble mostrar al veinteañero que se ha ido de casa, porque nadie puede pagar pisos con ese sueldo y esos precios, han decidido que la mujer ahora tiene más de sesenta y el hijo rondando los cuarenta.
Parece el mismo anuncio de siempre, pero rodado diez años después.

viernes, diciembre 10, 2004

la llegada de Z siempre supone un cambio importante en mi vida. Le echo tanto de menos...
Las noticias que trae en esta ocasión sobre la madre Gran Bretaña versan sobre telebasura.
Antena 3 ha importado un formato en el que varios gays convierten a un heterosexual en un metrosexual. En Inglaterra ya han llegado a la evolución del programa en el que sucede precisamente lo contrario, que un grupo de heterosexuales convierten a un gay en macho inglés. Me lo imagino como a Kevin Kline en In&Out, en la secuencia en la que sigue las instrucciones de una grabación para simular que no es quien es.
Pero los ingleses no se limitan a esta con-fusión de orientaciones, sino que llegan a programas mucho más dolorosos. Tienen una especie de Gran Hermano en las casas de dos familias diferentes a las que les intercambian las madres. Con tan buena suerte para los datos de audiencia de la cadena que las emite que se ha producido un enamoramiento del padre de la familia 1 con la madre de la familia 2. Supongo que el juicio de divorcio de las dos parejas también lo retransmitirán en directo.
En la Isla de los Famosos británica no sé si tienen a una Paula Vázquez, pero las pruebas no las dictan guionistas sádicos. Mucho peor. El público tiene la potestad de ponerle pruebas personalizadas a cada uno de los famosos. Os imagináis qué divertido podría ser eso? "Quiero que Paula Vázquez se enrolle con Silvia Fominaya" o "quiero que el torero se machaque la cabeza con una piedra".
Y yo pensaba que la Casa de Tu Vida era retorcido.

martes, noviembre 30, 2004

En el metro, en los cafés, en las discotecas, en los pubs... Televisores por todos lados de última tecnología plana emitiendo videos musicales o documentales de imágenes espectaculares. Ya no bailamos mirando al resto de personas, sino a Madonna o a cualquiera de los triunfitos. Así, ligar, se convierte en una hazaña inaudita, aunque llegará el día en el que un cámara mostrará los atributos de las chicas guapas del local para que los demás seamos conscientes de su existencia.
La última vez que me reuní con mis amigos en una cafetería con superpantalla pasamos tres horas hablando de las tetas de la Britney, lo desfasado de la ropa de Michael Jackson, si tal o cual ha engordado (hasta que nos dimos cuenta de que la pantalla panorámica deformaba su silueta)...
Pero nada de "cómo estás", "tuve una bronca con mi novia, uf ya sabes cómo es" o "mi jefe es un capullo". Es muy difícil mantener una conversación con alguien que deja su cerebro en stand by mientras observa embobado la tele.
Aquel día decidimos dejar de ir a esa cafetería. Desde entonces nosotros dominamos las conversaciones, no los gustos musicales del camarero de turno.

domingo, noviembre 28, 2004

Sentía el sabor deshaciéndose en mi boca, salado e intenso.
-Esto está tan bueno que me dan ganas de llorar.- dije mientras alcanzaba otra cortadita de jamón serrano del plato. Le miré fijamente a los ojos, levemente humedecidos.
- Creo que a ti te sucede lo mismo..- dije.
- No.- aclaró ella- Me acabo de morder la lengua.

viernes, noviembre 26, 2004

Ya lo daba prácticamente por perdido. Así que no me importó que F viniera a estudiar conmigo el día siguiente, las últimas veinticuatro horas antes del examen. Mi amiga F era por aquel entonces (hace mucho que no la veo) una chica preciosa, alocada, con la capacidad de meterse en el bolsillo a cualquiera con una simple mirada tierna. No tardó mucho en convencerme, aunque yo prefiera estudiar a solas.
Por la mañana logramos avanzar muchísimo, de manera que nos premiamos con un café y un Baileys en el bar de enfrente. Mala decisión. Porque en casa, mi compañero de piso gallego, que también daba por perdidas las asignaturas de esa semana, sacó el whisky.
Y no sé cómo F y yo acabamos enzarzadas en la cama, mientras escuchaba a mi compañero reír desde el salón. No sé si ustedes se han acostado alguna vez con un amigo. Pero, como todas las cosas en la vida, o se hace en serio o no se hace. Y, la verdad, fue un desastre. Porque no parábamos de reir las dos, F se tapaba la cara para no desconcentrarse y tuve un ataque de cosquillas bastante inoportuno.
En definitiva, que lo dejamos por imposible y acabamos duchándonos a oscuras F, mi compañero y yo con una guerra de champú nada sexual en un baño diminuto.
Esta es otra de las escenas que recuerdo con mayor cariño de mi veintena.
Supongo que si hubiese ocurrido ahora todo sería diferente, mucho más adulto, mucho más serio, mucho más aburrido y con muchas más consecuencias que aquella vez.

miércoles, noviembre 24, 2004

El escepticismo va dejando paso a la esperanza. Poco a poco, las cuentas me cuadran, comprendo los análisis y mi desconocimiento absoluto del nuevo entorno en el que me relaciono se hace menos patente. Ahora acierto más que muchos de mis compañeros. Entreveo una estructura.
Quizá se relacione con que ya no me pregunto qué pinto en el master, sino cómo voy a emplear los conocimientos para mi próxima película.

domingo, noviembre 21, 2004

Después de una jornada de trabajo agotadora, mi amigo J se metió en la bañera. Su piel agradeció el contacto del agua casi hirviendo, sus pulmones atraparon aire húmedo, caliente. Comenzó a relajarse.
Se sumergió en el agua enjabonada. "Por fin me olvidé de las gafas empañadas, la operación fue una buena idea", pensó. Todo correcto hasta que se fijó en su pene. "¿Qué son esos granitos?"
Un hombre preguntándose qué son esos granitos en la parte más importante de su anatomía.
El resto lo podéis imaginar: llamada a urgencias, casi a una ambulancia, crisis de ansiedad por el camino, miedo a la amputación (J es de origen argentino)...
Retomamos la historia con un urólogo mirando al miembro viril de J a través de una lupa enorme. J observando de reojo a urólogo.
- Esto es perfectamente normal. Sucede siempre que uno se baña.
- Ah. Es que es la primera vez que la miro.
El urólogo tragó saliva, incluso le tembló la voz:
- ¿Nunca se la ha mirado?
- No, es que me operé de las siete dioptrías de mis dos ojos y...

martes, noviembre 16, 2004

La niña de diez años me miraba fijamente con preocupación.
-Ayer por la noche vi a mis padres haciéndolo.
Gran gesto de sorpresa. Por aquel entonces yo también hablaba del sexo como "ese gran tabú", "lo que los mayores hacen", "el secreto que aún no está desvelado".
- Me levanté al baño y escuché a mi madre gemir. Me acerqué a la puerta. Y los vi.
La niña de diez años me miraba fijamente con preocupación. Esperaba que con mis doce meses de mayor experiencia pudiera contestar a la gran pregunta que se acercaba.
-Cuando seamos mayores, ¿TENDREMOS que hacer eso?

El domingo estuve en urgencias de nuevo.
Juraría que la alergóloga de veintisiete años que me miraba fijamente con preocupación era la misma niña que hace mucho me hizo la gran pregunta.