La felicidad está en disfrutar de aquello que posees y olvidar lo que no tienes.
Mi casa siempre está abierta para mis amigos.
El último en llegar ha sido J, argentino, cuarenta y dos. Ahora parece que ha resuelto su vida, después de vivir diez años en una ciudad que no le gustaba, de trabajar en un trabajo que odiaba. Se marchó a Buenos Aires con sus padres.
Como le pagan un alquiler aquí que en Argentina renta como si fuera tres veces más, tiene su existencia asegurada. Nunca jamás trabajará, porque estableció un colchón de posesiones.
Pues todavía se queja. Se obsesiona con las obras de su casa, que le van a salir a cuatro duros. Se obsesiona con unos desmayos que le dieron a su madre, que finalmente no tiene nada. Se obsesiona de igual manera que cuando trabajaba a turnos.
Ayer vino de ver a unos amigos y se quejaba de que ¡había conocido a una mujer maravillosa! Porque la ha encontrado en Madrid justo cuando vuelve a su tierra.
sábado, agosto 28, 2004
La felicidad está en disfrutar de aquello que posees y olvidar lo que no tienes.
Mi casa siempre está abierta para mis amigos.
El último en llegar ha sido J, argentino, cuarenta y dos. Ahora parece que ha resuelto su vida, después de vivir diez años en una ciudad que no le gustaba, de trabajar en un trabajo que odiaba. Se marchó a Buenos Aires con sus padres.
Como le pagan un alquiler aquí que en Argentina renta como si fuera tres veces más, tiene su existencia asegurada. Nunca jamás trabajará, porque estableció un colchón de posesiones.
Pues todavía se queja. Se obsesiona con las obras de su casa, que le van a salir a cuatro duros. Se obsesiona con unos desmayos que le dieron a su madre, que finalmente no tiene nada. Se obsesiona de igual manera que cuando trabajaba a turnos.
Ayer vino de ver a unos amigos y se quejaba de que ¡había conocido a una mujer maravillosa! Porque la ha encontrado en Madrid justo cuando vuelve a su tierra.
Mi casa siempre está abierta para mis amigos.
El último en llegar ha sido J, argentino, cuarenta y dos. Ahora parece que ha resuelto su vida, después de vivir diez años en una ciudad que no le gustaba, de trabajar en un trabajo que odiaba. Se marchó a Buenos Aires con sus padres.
Como le pagan un alquiler aquí que en Argentina renta como si fuera tres veces más, tiene su existencia asegurada. Nunca jamás trabajará, porque estableció un colchón de posesiones.
Pues todavía se queja. Se obsesiona con las obras de su casa, que le van a salir a cuatro duros. Se obsesiona con unos desmayos que le dieron a su madre, que finalmente no tiene nada. Se obsesiona de igual manera que cuando trabajaba a turnos.
Ayer vino de ver a unos amigos y se quejaba de que ¡había conocido a una mujer maravillosa! Porque la ha encontrado en Madrid justo cuando vuelve a su tierra.
lunes, agosto 23, 2004
Por fin descansaríamos las dos.
Me había acostumbrado a su inquietante presencia en el salón, una jarra del tamaño de un tetra brick, negra, reluciente, pomposa. Presidiendo la estancia justo encima de la televisión.
A veces sentía su mirada desde mi cama, en la sala contigua, mientras leía novelas románticas. Sentía su desaprobación entre las paredes. Como cuando hacía el amor con mi novio, con el que jamás me casé. Un dedo señalante invisible extendido desde el salón.
Diez años de espera, dos horas de viaje, para deshacerme del maldito jarrón.
Por fin lo tuve entre mis brazos, lo pasé a uno de mis hermanos. Que , llorando, no se quería desprender de él, abrazado con histeria a un trozo de cerámica. No sé para qué tanto cuento si llevaban todos diez años evitándolo y me habían endiñado a mí el maldito jarrón negro. Todos lo tuvieron en sus manos un rato, susurrando palabras de despedida.
Cuando llegó a mi hermana mayor, con la misma ceremonia que los demás, retiró el tapón. Mi hermano pequeño dejó escapar un suspiro.
- Dejamos tus cenizas allá donde lo pediste, mamá.- comenzó a extender las cenizas entre la hierba y los arbustos con mucho cuidado de no mancharse.
Yo añadí, en un tono tan bajo que nadie me escuchó:
-Y sentimos no habernos puesto de acuerdo para hacerlo antes. Tengas ahora descanso eterno.
(es una historia real, si pido que me incineren pondré fecha límite, por si acaso).
Me había acostumbrado a su inquietante presencia en el salón, una jarra del tamaño de un tetra brick, negra, reluciente, pomposa. Presidiendo la estancia justo encima de la televisión.
A veces sentía su mirada desde mi cama, en la sala contigua, mientras leía novelas románticas. Sentía su desaprobación entre las paredes. Como cuando hacía el amor con mi novio, con el que jamás me casé. Un dedo señalante invisible extendido desde el salón.
Diez años de espera, dos horas de viaje, para deshacerme del maldito jarrón.
Por fin lo tuve entre mis brazos, lo pasé a uno de mis hermanos. Que , llorando, no se quería desprender de él, abrazado con histeria a un trozo de cerámica. No sé para qué tanto cuento si llevaban todos diez años evitándolo y me habían endiñado a mí el maldito jarrón negro. Todos lo tuvieron en sus manos un rato, susurrando palabras de despedida.
Cuando llegó a mi hermana mayor, con la misma ceremonia que los demás, retiró el tapón. Mi hermano pequeño dejó escapar un suspiro.
- Dejamos tus cenizas allá donde lo pediste, mamá.- comenzó a extender las cenizas entre la hierba y los arbustos con mucho cuidado de no mancharse.
Yo añadí, en un tono tan bajo que nadie me escuchó:
-Y sentimos no habernos puesto de acuerdo para hacerlo antes. Tengas ahora descanso eterno.
(es una historia real, si pido que me incineren pondré fecha límite, por si acaso).
domingo, agosto 22, 2004
Es difícil juntar a cuatro personas diferentes, con historias diferentes, ideas diferentes para que ,conjuntamente, expresen una misma cosa.
Es difícil cuando la música no se puede contar en palabras y quizá se producen malentendidos. Cuando pocos músicos se comprometen en serio, cuando cuesta tanto encontrar compañeros de viaje. Cuando supone horas y horas de repetición incansable, muchas veces con escasos resultados.
Pero hay días en los que los cuatro pensamos y tocamos como si fuésemos uno solo. Expresando los mismos sentimientos, con igual intensidad en cada parte, como si nos guiara una única intención en el laberinto de notas.
Es difícil pero sucede. Y, cuando sucede, es maravilloso.
Es difícil cuando la música no se puede contar en palabras y quizá se producen malentendidos. Cuando pocos músicos se comprometen en serio, cuando cuesta tanto encontrar compañeros de viaje. Cuando supone horas y horas de repetición incansable, muchas veces con escasos resultados.
Pero hay días en los que los cuatro pensamos y tocamos como si fuésemos uno solo. Expresando los mismos sentimientos, con igual intensidad en cada parte, como si nos guiara una única intención en el laberinto de notas.
Es difícil pero sucede. Y, cuando sucede, es maravilloso.
domingo, agosto 15, 2004
Desde que llegamos a Barcelona nos hablan continuamente en catalán. Y, debido al carácter adusto, rugoso, de los barceloneses, hemos creído varias veces que se tomaban a mal que contestáramos en castellano. De hecho me han dado tentaciones de responderles en euskera sólo por verles la cara. Esto me recuerda algo que sucedió hace tiempo.
Hace bastantes años, un catedrático de la Universidad del País Vasco debía dar el discurso para comenzar la Semana Grande de San Sebastián. Comenzó a hablar en castellano. Esto desató las críticas, los gritos, el enfado, del sector nacionalista más duro entre el público. El catedrático mantuvo unos segundos de silencio y... Empezó a hablar en una lengua que nadie entendía. El público escuchó boquiabierto cinco minutos de disertación en griego antiguo. Nadie encontró motivos nacionalistas para enfadarse con el catedrático.
Hace bastantes años, un catedrático de la Universidad del País Vasco debía dar el discurso para comenzar la Semana Grande de San Sebastián. Comenzó a hablar en castellano. Esto desató las críticas, los gritos, el enfado, del sector nacionalista más duro entre el público. El catedrático mantuvo unos segundos de silencio y... Empezó a hablar en una lengua que nadie entendía. El público escuchó boquiabierto cinco minutos de disertación en griego antiguo. Nadie encontró motivos nacionalistas para enfadarse con el catedrático.
sábado, agosto 07, 2004
jueves, agosto 05, 2004
-Oh mierda.
El coche patrulla frenó al lado de la moto. Un policía descendió del vehículo con cara de pocos amigos. El otro ocultó una media sonrisa con una mueca mientras seguía los pasos de su compañero.
-Caballero. Su documentación.
Angel le tendió los papeles de la moto. Todo en regla.
- No figura ningún problema con la vista.- le comunicó el de las malas pulgas al otro.- Perdone, ¿tiene algún problema con la percepción de colores?
- No.
- Entonces ha visto el rojo del semáforo con claridad. Era rojo, ¿no? No lo vio verde, ni naranja.
El policía de la mueca esbozó ya una amplia sonrisa mientras decía:
- ¿Ves?- dijo a su compañero.- Tenía yo razón. Estos motoristas son siempre iguales. No aguantan tres semáforos en rojo seguidos, parece que es una tentación, un golpecito de acelerador y... Fuera. Gracias a usted he ganado una cena. Muchas gracias.
Los dos policías se metieron de nuevo en su coche patrulla, arrancaron y se marcharon sin escribir siquiera los datos del infractor. Mi amigo Ángel todavía no da crédito a lo que sucedió. Nunca le llegó la multa.
El coche patrulla frenó al lado de la moto. Un policía descendió del vehículo con cara de pocos amigos. El otro ocultó una media sonrisa con una mueca mientras seguía los pasos de su compañero.
-Caballero. Su documentación.
Angel le tendió los papeles de la moto. Todo en regla.
- No figura ningún problema con la vista.- le comunicó el de las malas pulgas al otro.- Perdone, ¿tiene algún problema con la percepción de colores?
- No.
- Entonces ha visto el rojo del semáforo con claridad. Era rojo, ¿no? No lo vio verde, ni naranja.
El policía de la mueca esbozó ya una amplia sonrisa mientras decía:
- ¿Ves?- dijo a su compañero.- Tenía yo razón. Estos motoristas son siempre iguales. No aguantan tres semáforos en rojo seguidos, parece que es una tentación, un golpecito de acelerador y... Fuera. Gracias a usted he ganado una cena. Muchas gracias.
Los dos policías se metieron de nuevo en su coche patrulla, arrancaron y se marcharon sin escribir siquiera los datos del infractor. Mi amigo Ángel todavía no da crédito a lo que sucedió. Nunca le llegó la multa.
miércoles, agosto 04, 2004
Le había convencido su primo para bañarse en el río, que allá por los años 20 no estaba aún contaminado. Pero se habían dejado los bañadores en casa, y claro, una hora de caminata serviría seguro para que desaparecieran las ganas de un chapuzón rápido. Por no hablar del sol, que le freía los sesos, o del sudor que pegaba la ropa a la piel.
- No me atrevo.
- Venga- dijo el primo mientras se quitaba la camiseta.- No es para tanto.
- Si nos ve mi madre nos mata.
- No lo va a saber nadie.
Así que se desnudó. El agua del río calmó su calor, justo en el momento en el que el primo intentó una de sus tretas.
- La llevas.- Echó a correr tras las zancadas apresuradas de su primo.
Un silbido interumpió el juego, a bastantes metros de donde habían dejado la ropa.
-Mierda.- gritó el primo.- El tren de Tudela.
- Te lo dije. Esta vez sí que nos van a pillar.
Mi abuelo divisó a lo lejos un tren que seguramente transportaría a algún conocido de su madre. Pamplona era y es un lugar muy pequeño en el que todos se conocen.
Se dispuso a proteger su honor, tapándose sus partes pudendas.
- ¡Pero qué haces! .- Exclamó el primo.
- Tapándome.
- Si te tapas ahí todos van a saber que J.J.M se estaba bañando desnudo en el río.
-Ah, ¿y qué propones?
El tren pasó a su lado a toda la velocidad que alcanzaban los trenes en los años 20. Medio vagón contemplaba con vergüenza a aquellos dos jovenzuelos. Más de una mujer gritó horrorizada.
Dos chicos mostraban sus cuerpos tal y como sus madres les trajeran al mundo mientras se tapaban la cara para no ser reconocidos.
Mi bisabuela jamás se enteró de la hazaña.
- No me atrevo.
- Venga- dijo el primo mientras se quitaba la camiseta.- No es para tanto.
- Si nos ve mi madre nos mata.
- No lo va a saber nadie.
Así que se desnudó. El agua del río calmó su calor, justo en el momento en el que el primo intentó una de sus tretas.
- La llevas.- Echó a correr tras las zancadas apresuradas de su primo.
Un silbido interumpió el juego, a bastantes metros de donde habían dejado la ropa.
-Mierda.- gritó el primo.- El tren de Tudela.
- Te lo dije. Esta vez sí que nos van a pillar.
Mi abuelo divisó a lo lejos un tren que seguramente transportaría a algún conocido de su madre. Pamplona era y es un lugar muy pequeño en el que todos se conocen.
Se dispuso a proteger su honor, tapándose sus partes pudendas.
- ¡Pero qué haces! .- Exclamó el primo.
- Tapándome.
- Si te tapas ahí todos van a saber que J.J.M se estaba bañando desnudo en el río.
-Ah, ¿y qué propones?
El tren pasó a su lado a toda la velocidad que alcanzaban los trenes en los años 20. Medio vagón contemplaba con vergüenza a aquellos dos jovenzuelos. Más de una mujer gritó horrorizada.
Dos chicos mostraban sus cuerpos tal y como sus madres les trajeran al mundo mientras se tapaban la cara para no ser reconocidos.
Mi bisabuela jamás se enteró de la hazaña.
domingo, agosto 01, 2004
Mi amiga salió aquella noche, por primera vez, a una macrodiscoteca de la capital. Le sorprendieron cientos de cuerpos bailando al son del house de moda en el momento. Se tomó una pastilla de color verde.
Recuerda luces, gente, ritmo y reirse de gracias sin sentido. Hay muchas otras que no recuerda.
Por eso le sorprendió tanto, dos semanas después de aquella noche loca, un email con archivo adjunto . Una foto tomada en la macrodiscoteca. Un primer plano de un gogó negro guapísimo y ella a su lado, bailando subida a una plataforma, en sujetador.
Nunca más ha vuelto a tomar drogas. Afirma que si va a hacer tonterías de ese estilo, por lo menos le gustaría recordarlas.
Recuerda luces, gente, ritmo y reirse de gracias sin sentido. Hay muchas otras que no recuerda.
Por eso le sorprendió tanto, dos semanas después de aquella noche loca, un email con archivo adjunto . Una foto tomada en la macrodiscoteca. Un primer plano de un gogó negro guapísimo y ella a su lado, bailando subida a una plataforma, en sujetador.
Nunca más ha vuelto a tomar drogas. Afirma que si va a hacer tonterías de ese estilo, por lo menos le gustaría recordarlas.
sábado, julio 31, 2004
Su arte consiste en transformarse en seres que nunca fue. En hacer vibrar al espectador con sus gestos, con su voz, con sus movimientos. Con frases que otros inventaron para él. Para que diera vida a historias imposibles, historias cotidianas, historias soñadas en otro tiempo y otro lugar.
He visto en sus ojos procesos de transformación que me pusieron los pelos de punta, un brillo esquizofrénico que gritaba con sus cuerdas vocales en una secuencia, desnudo en una bañera. De modo que conseguía, de nuevo, hacernos saltar las lágrimas a todos los presentes dentro y fuera del plató, a un lado u otro de la pantalla.
Se atrevía con todo. Y todo parecía adaptarse perfectamente a su arte.
Hoy me he enterado de que dejará la escena. Porque lamentablemente no eligió ser fontanero, ser mensajero o ser directivo. Él quería ser actor. Pero no con el ánimo de la fama o el dinero, sino con las fuerza que sale de las entrañas. Una verdadera vocación.
Vocación de una persona humilde, de oficio, de teatro, sin apenas exigencias, nada más que las marcadas por el guión. Sin excentricidades de estrella. Y podría haber sido una estrella si hubiera tenido suerte.
Supongo que forma parte del proceso de maduración, dejar de soñar en adaptar el mundo a nuestra medida para reconstruirnos a la medida de ese mundo. Un mundo estúpido en el que los actores no pueden vivir como trabajadores normales.
Él deja a sus espaldas quince años de profesión. De cortos, películas, obras que no saldrán a la luz nunca para la mayoría del público. De camarero, profesor de ajedrez, operario en una cadena de congelados. Y de ACTOR. Con mayúsculas.
El mundo escénico pierde hoy a uno de los grandes. Lo malo es que , salvo ustedes y yo, nadie lo sabe.
He visto en sus ojos procesos de transformación que me pusieron los pelos de punta, un brillo esquizofrénico que gritaba con sus cuerdas vocales en una secuencia, desnudo en una bañera. De modo que conseguía, de nuevo, hacernos saltar las lágrimas a todos los presentes dentro y fuera del plató, a un lado u otro de la pantalla.
Se atrevía con todo. Y todo parecía adaptarse perfectamente a su arte.
Hoy me he enterado de que dejará la escena. Porque lamentablemente no eligió ser fontanero, ser mensajero o ser directivo. Él quería ser actor. Pero no con el ánimo de la fama o el dinero, sino con las fuerza que sale de las entrañas. Una verdadera vocación.
Vocación de una persona humilde, de oficio, de teatro, sin apenas exigencias, nada más que las marcadas por el guión. Sin excentricidades de estrella. Y podría haber sido una estrella si hubiera tenido suerte.
Supongo que forma parte del proceso de maduración, dejar de soñar en adaptar el mundo a nuestra medida para reconstruirnos a la medida de ese mundo. Un mundo estúpido en el que los actores no pueden vivir como trabajadores normales.
Él deja a sus espaldas quince años de profesión. De cortos, películas, obras que no saldrán a la luz nunca para la mayoría del público. De camarero, profesor de ajedrez, operario en una cadena de congelados. Y de ACTOR. Con mayúsculas.
El mundo escénico pierde hoy a uno de los grandes. Lo malo es que , salvo ustedes y yo, nadie lo sabe.
lunes, julio 26, 2004
Debido a la confusión producida con el post anterior y de cerciorarme de que he herido algún que otro orgullo macho, he decidido introducir varias aclaraciones:
- Me parece genial la técnica de ligoteo de mirar. Incluso aquella de arrimar la cebolleta en el transporte público. Siempre y cuando la víctima quiera. A mí también me gusta mirar a las chicas guapas por la calle.
- El hecho de que m gusten las mujeres no quiere decir que no me gusten los hombres. Ni que quiera exterminarlos de la faz de la tierra. soy lesbiana porque no logro enamorame de ellos. Eso no quiere decir que los odie.
- La palabra clave del post anterior es ACOSO.
¿Cuál es la línea entre mirar y acosar? Molestar a la víctima.
El post anterior no trataba sobre los cientos de miles de personas que en esta ciudad se giran al ver un/a chico/a guapo/a, sino sobre aquellos que incomodan a la otra persona. Sobre aquellos que son advertidos de que producen esa incomodidad y, pese a ello, continúan molestando. En definitiva, trata de los que confunden un no con un sí.
Nada más lejos de mi intención el ofender a los hombres que leen esta página que no molestan a nadie y simplemente disfrutan de la compañía de las mujeres.
Anécdota sobre miradas (desde el otro lado, o sea, mi amigo I).
La chica se giró, haciéndose la interesante:
- ¿Y tú? ¿Por qué me miras?
- ¿Yo? Yo no te estaba mirando.
-Claro que me estabas mirando. Yo te vi mirándome.
-Entonces eras tú quien me miraba a mí.
- Me parece genial la técnica de ligoteo de mirar. Incluso aquella de arrimar la cebolleta en el transporte público. Siempre y cuando la víctima quiera. A mí también me gusta mirar a las chicas guapas por la calle.
- El hecho de que m gusten las mujeres no quiere decir que no me gusten los hombres. Ni que quiera exterminarlos de la faz de la tierra. soy lesbiana porque no logro enamorame de ellos. Eso no quiere decir que los odie.
- La palabra clave del post anterior es ACOSO.
¿Cuál es la línea entre mirar y acosar? Molestar a la víctima.
El post anterior no trataba sobre los cientos de miles de personas que en esta ciudad se giran al ver un/a chico/a guapo/a, sino sobre aquellos que incomodan a la otra persona. Sobre aquellos que son advertidos de que producen esa incomodidad y, pese a ello, continúan molestando. En definitiva, trata de los que confunden un no con un sí.
Nada más lejos de mi intención el ofender a los hombres que leen esta página que no molestan a nadie y simplemente disfrutan de la compañía de las mujeres.
Anécdota sobre miradas (desde el otro lado, o sea, mi amigo I).
La chica se giró, haciéndose la interesante:
- ¿Y tú? ¿Por qué me miras?
- ¿Yo? Yo no te estaba mirando.
-Claro que me estabas mirando. Yo te vi mirándome.
-Entonces eras tú quien me miraba a mí.
domingo, julio 25, 2004
El tipo llevaba como media hora sin apartar sus pegajosa mirada de mi cuerpo, recorriéndolo arriba abajo sin parar. Creo que conocía mis piernas mejor que ELLA, que contemplaba con enfado la escena. es lo malo de que no haya un hombre en la relación, que cualquier gilipollas puede molestarte sin sentirse amenazado. Bueno, y también está aquello de los espontáneos que se ofrecen por la calle para hacer un trío en cuanto ven a dos lesbienas besándose en público.
El caso es que yo ya me estaba hartando del plasta de la barra, porque no podrá seguir con atención la charla que manteníamos con nuestras amigas M y V, pero el tipo no se daba por aludido, parecía que le excitaba aún más mi cara de odio.
Hasta que me harté.
Me levanté y grité de mabera que todo el restaurante pudo escucharme:
- oye tú. ¿Quieres dejar de mirarme?
- Perdona. No te ofendas.
- ¡Que no me ofenda! Llevas media hora acosándome. Como me mires un solo minuto más te voy a partir la cara, tú verás lo que haces.
En cuanto me senté, el chico se marchó del lugar. Todo el restaurante me miraba como si me hubiera vuelto loca.
Fue un pequeño triunfo sobre todas aquelllas veces que me he visto obligada a mirar al suelo mientras un grupo de adolescentes marroquíes me decía guarradas mientras camino, sobre los pelmas de discoteca que me quisieron tocar el culo cuando estaba borracha, sobre los que se acercan peligrosamente en el transporte público y se comen un codazo.
Sobre todos aquellos hombres que acosan a las mujeres y se sienten importantes por hacerlo: los machitos.
El caso es que yo ya me estaba hartando del plasta de la barra, porque no podrá seguir con atención la charla que manteníamos con nuestras amigas M y V, pero el tipo no se daba por aludido, parecía que le excitaba aún más mi cara de odio.
Hasta que me harté.
Me levanté y grité de mabera que todo el restaurante pudo escucharme:
- oye tú. ¿Quieres dejar de mirarme?
- Perdona. No te ofendas.
- ¡Que no me ofenda! Llevas media hora acosándome. Como me mires un solo minuto más te voy a partir la cara, tú verás lo que haces.
En cuanto me senté, el chico se marchó del lugar. Todo el restaurante me miraba como si me hubiera vuelto loca.
Fue un pequeño triunfo sobre todas aquelllas veces que me he visto obligada a mirar al suelo mientras un grupo de adolescentes marroquíes me decía guarradas mientras camino, sobre los pelmas de discoteca que me quisieron tocar el culo cuando estaba borracha, sobre los que se acercan peligrosamente en el transporte público y se comen un codazo.
Sobre todos aquellos hombres que acosan a las mujeres y se sienten importantes por hacerlo: los machitos.
sábado, julio 24, 2004
Hace unos años uno de mis hermanos, J, intentó una gamberrada adolescente. Envió un email a una de las multinacionales antivirus con troyano que le acababan de pasar por un chat. Recibió una corta respuesta: "A los gilipollas como tú les hacemos esto".
Mi hermano cerró el programa de correo electrónico. Y de repente el ordenador se apagó. Nunca jamás consiguió volver a encenderlo.
Mi hermano cerró el programa de correo electrónico. Y de repente el ordenador se apagó. Nunca jamás consiguió volver a encenderlo.
viernes, julio 23, 2004
Comencé a sospecharlo cuando me sorprendía a mí misma observando bebés con ojos tiernos. Poco a poco se comfirmó cuando las treintañeras dejaron de parecerme unas "viejas intrusas en el ambiente" para convertirse en un objeto de deseo. Cuando las arrugas me parecieron una señal de experiencia y no de vejez, lo confirmé.
Ahora soy consciente de que pronto cumpliré veintisiete años. Cada vez me atrae más la treintena que la veintena. No me apetece volver a vivir los desengaños del aprendizaje allí donde ya fui desengañada.
Pero sí me siento un poco más vieja.
Ahora soy consciente de que pronto cumpliré veintisiete años. Cada vez me atrae más la treintena que la veintena. No me apetece volver a vivir los desengaños del aprendizaje allí donde ya fui desengañada.
Pero sí me siento un poco más vieja.
martes, julio 20, 2004
En mi barrio hay un local con apariencia de galería de arte. Su inmensa cristalera , que da a dos calles, permite al viandante observar el vacío de su interior. Sólo hay una silla, una mesa y un joven sudamericano con aspecto de aburrirse. A veces lee, a veces canta, a veces escribe frases que no puedo leer desde donde le miro.
En el barrio hay muchos edificios vigilados por guardas de seguridad, para evitar que los ocupen jóvenes con crestas de colores y rastas. Pero el joven sudamericano viste con una camisa y un pantalón vaquero. No lleva porra. Es la última persona a la que imaginaría defendiendo el local de un posible invasor.
Nadie sabe cuál es la función del chico. A veces pienso que tan sólo es fruto de mi imaginación, que en el local sólo hay una silla y una mesa. Pero siempre que paso por delante de la inmensa cristalera lo veo ahí, aburrido, escribiendo, leyendo o cantando.
En el barrio hay muchos edificios vigilados por guardas de seguridad, para evitar que los ocupen jóvenes con crestas de colores y rastas. Pero el joven sudamericano viste con una camisa y un pantalón vaquero. No lleva porra. Es la última persona a la que imaginaría defendiendo el local de un posible invasor.
Nadie sabe cuál es la función del chico. A veces pienso que tan sólo es fruto de mi imaginación, que en el local sólo hay una silla y una mesa. Pero siempre que paso por delante de la inmensa cristalera lo veo ahí, aburrido, escribiendo, leyendo o cantando.
sábado, julio 17, 2004
El padre ayudaba al niño a cruzar la distancia entre el andén y el vagón del metro.
- Deja pasar antes de subir.- decía el hombre a su hijo. Hablaba con dulzura. El niño le miraba con atención: ya era el momento de los descubrimientos de la vida. Y el tipo había decidido enseñarle las normas de educación que ya nadie sigue en el transporte público en la capital.
Su hijo observaba con curiosidad a todos los pasajeros. Se sorprendió cuando le saqué la lengua. Me encanta sacarles la lengua a los niños pequeños porque nunca se esperan ese tipo de reacciones de los adultos.
En la siguiente parada, Sol, se bajaron muchos viajeros. Como quedaban dos asientos libres, el niño tiró de la mano de su papá para que se sentaran.
- Siéntate tú si quieres. Los asientos son para los niños y para la gente mayor.
- Tú eres mayor, papá.
- Más mayor que yo.
- No hay nadie más mayor que tú.
El padre le sonrió, se sentó en uno de los asientos vacíos y le tomó en brazos. Jugó con el hijo hasta que me bajé en mi parada.
- Deja pasar antes de subir.- decía el hombre a su hijo. Hablaba con dulzura. El niño le miraba con atención: ya era el momento de los descubrimientos de la vida. Y el tipo había decidido enseñarle las normas de educación que ya nadie sigue en el transporte público en la capital.
Su hijo observaba con curiosidad a todos los pasajeros. Se sorprendió cuando le saqué la lengua. Me encanta sacarles la lengua a los niños pequeños porque nunca se esperan ese tipo de reacciones de los adultos.
En la siguiente parada, Sol, se bajaron muchos viajeros. Como quedaban dos asientos libres, el niño tiró de la mano de su papá para que se sentaran.
- Siéntate tú si quieres. Los asientos son para los niños y para la gente mayor.
- Tú eres mayor, papá.
- Más mayor que yo.
- No hay nadie más mayor que tú.
El padre le sonrió, se sentó en uno de los asientos vacíos y le tomó en brazos. Jugó con el hijo hasta que me bajé en mi parada.
viernes, julio 16, 2004
Una semana entera sin escribir, sin contar nada. Recordadme que la reste del total cuando quiera hacer el primer aniversario del blog, si es que llego. Porque a este ritmo... En este tiempo no ha sucedido mucho.
Que el día siguiente al accidente me levanté con el tobillo dos veces más grande de su tamaño habitual y, como siempre, acabé en el hospital. Este tipo de sucesos siempre me suceden cuando he hecho planes con ELLA. Aunque en esta ocasión, el hospital no me salvó de la GRAN LIMPIEZA DE VERANO que ha durado , de momento, dos días. Hasta ahora había infravalorado en exceso el valor de las marujas, esas grandes personas que se ven obligadas a rellenar la denostada casilla de "ama de casa" en las búsquedas de empleo. Que parece que no trabajan en nada, pero que cuando faltan un par de días desatan una crisis general en aquellas casas en las que "son mantenidas".
Además de esto ha venido a visitarme mi amigo Z, futuro editor junior en una conocida editorial británica. De su viaje he aprendido dos cosas:
1. Que en el parlamento de Escocia no hay ni un sólo representante de las fuerzas conservadoras (bueno, eso si no consideramos que los laboristas últimamente son tan abiertos como la Thatcher). Es el único país del mundo en el que se produce esto.
2. Que la madre de mi amigo ha descubierto y aceptado que Z es gay. Así que ahora en vez de perseguirle para que se eche novia, le acosa con el hecho de que Z sigue soltero. Supongo que esperará a casarle con un rico heredero digno de su posición social, gracias a la nueva ley que apruebe ZP. Entonces mi amigo se dedicará a adoptar niñas chinas y vivirá feliz y contento en su nidito de amor. Irá a misa los domingos y su mamá podrá mostrarlo a sus amigas como la hija que nunca tuvo. Mi amigo, Z, dice que la prefería cuando estaba enfadada con él porque "había elegido una vida antinatural e indigna". Si es que basta con que nos den algo para dedidir que mejor no lo queremos.
Que el día siguiente al accidente me levanté con el tobillo dos veces más grande de su tamaño habitual y, como siempre, acabé en el hospital. Este tipo de sucesos siempre me suceden cuando he hecho planes con ELLA. Aunque en esta ocasión, el hospital no me salvó de la GRAN LIMPIEZA DE VERANO que ha durado , de momento, dos días. Hasta ahora había infravalorado en exceso el valor de las marujas, esas grandes personas que se ven obligadas a rellenar la denostada casilla de "ama de casa" en las búsquedas de empleo. Que parece que no trabajan en nada, pero que cuando faltan un par de días desatan una crisis general en aquellas casas en las que "son mantenidas".
Además de esto ha venido a visitarme mi amigo Z, futuro editor junior en una conocida editorial británica. De su viaje he aprendido dos cosas:
1. Que en el parlamento de Escocia no hay ni un sólo representante de las fuerzas conservadoras (bueno, eso si no consideramos que los laboristas últimamente son tan abiertos como la Thatcher). Es el único país del mundo en el que se produce esto.
2. Que la madre de mi amigo ha descubierto y aceptado que Z es gay. Así que ahora en vez de perseguirle para que se eche novia, le acosa con el hecho de que Z sigue soltero. Supongo que esperará a casarle con un rico heredero digno de su posición social, gracias a la nueva ley que apruebe ZP. Entonces mi amigo se dedicará a adoptar niñas chinas y vivirá feliz y contento en su nidito de amor. Irá a misa los domingos y su mamá podrá mostrarlo a sus amigas como la hija que nunca tuvo. Mi amigo, Z, dice que la prefería cuando estaba enfadada con él porque "había elegido una vida antinatural e indigna". Si es que basta con que nos den algo para dedidir que mejor no lo queremos.
viernes, julio 09, 2004
mi angelito de la guarda ha hecho hoy horas extras.
Iba con la moto de camino al trabajo por una calle del centro, de estas sin aceras, sólo con pivotes. A eso de 40 km/h. Y una imbécil se ha saltado el ceda el paso de una calle perpendicular y se me ha cruzado.
Con la buena suerte de que la he visto a tiempo para frenar, para que se me bloquearan los frenos, para caerme antes de golpearme con ella.
Aún ha tenido el morro de decir que yo iba a toda velocidad (cuando una motocicleta no puede ir a más de 50kms/h que es el límite de velocidad en ciudad). Cuando es ella la que se ha saltado el ceda el paso. Cuando su acompañante me ha dicho que ya estaba frenando, frenada que ha concluido en mitad de la escasa calzada. A metro y medio de la señal que no ha respetado.
Me alucina esta gente que además de incumplir las normas y poner en peligro vidas ajenas se permite fardar de que tiene un seguro a todo riesgo. ¿A todo riesgo de qué? Que se permite decir que como no me ha golpeado no tiene la culpa, cuando precisamente yo he hecho un esfuerzo por minimizar el golpe.
Agradezco los esfuerzos de mi angelito de la guarda. Tan sólo espero que no le toquen vacaciones este verano.
Iba con la moto de camino al trabajo por una calle del centro, de estas sin aceras, sólo con pivotes. A eso de 40 km/h. Y una imbécil se ha saltado el ceda el paso de una calle perpendicular y se me ha cruzado.
Con la buena suerte de que la he visto a tiempo para frenar, para que se me bloquearan los frenos, para caerme antes de golpearme con ella.
Aún ha tenido el morro de decir que yo iba a toda velocidad (cuando una motocicleta no puede ir a más de 50kms/h que es el límite de velocidad en ciudad). Cuando es ella la que se ha saltado el ceda el paso. Cuando su acompañante me ha dicho que ya estaba frenando, frenada que ha concluido en mitad de la escasa calzada. A metro y medio de la señal que no ha respetado.
Me alucina esta gente que además de incumplir las normas y poner en peligro vidas ajenas se permite fardar de que tiene un seguro a todo riesgo. ¿A todo riesgo de qué? Que se permite decir que como no me ha golpeado no tiene la culpa, cuando precisamente yo he hecho un esfuerzo por minimizar el golpe.
Agradezco los esfuerzos de mi angelito de la guarda. Tan sólo espero que no le toquen vacaciones este verano.
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